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La medalla del amor

En las competiciones, al que gana le suelen dar un premio. Un diploma, una copa, algún dinerillo, una medalla. Galardones, en resumen, que son un reconocimiento al trabajo bien hecho con especial dedicación y cariño. Precisamente, este Toyota GT86 N3 es la medalla que se lleva el ganador de la Copa Kobe.Por Carlos Enríquez de Salamanca @runisvaiden1

Dar mucho, pedir poco. Las víctimas de la logse no sabrán a qué me refiero pero los que sabemos que la democracia no es solo votar sino también respetar la ley seguro que recordamos aquel anuncio de “la medalla del amor”. Absolutamente bucólico y pastoril, en la imagen se veía a una madre con su bebé en brazos mientras una voz en off te explicaba que no hay nada como el amor de una madre porque da mucho y pide poco.

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No soy tu madre

La gente de Kobe Motor no se va a disfrazar de DarthVader Queen ni tampoco te va a decir con voz tenebrosa aquello de “no soy tu madre”. Pero seguro que te va a dar mucho y te va a pedir poco. Ahí está la Copa Kobe como ejemplo, que se disputa con el Aygo 1.0 y es una competición monomarca para los rallyes de tierra que ha tenido un éxito impresionante. Tanto, que para el año que viene habrá otra Copa Kobe de circuitos.

El caso es que, además de ser probablemente la competición más asequible del panorama nacional, los ganadores de la Copa Kobe de 2016 (Unai García y Eguzkiñe Enríquez) se llevaron como premio disputar este año el Campeonato de España de Rallyes de Tierra con un Toyota GT86 N3. Vamos, que de un año para otro, piloto semioficial. No hay nada que se pueda comparar con el amor de una madre y el premio gordo hay que ganárselo en los tramos, pero pocas veces encontrarás que te dan tanto a cambio de tan poco. Porque lo que recibes es un aparato de más de 200 CV y propulsión trasera con el que te lo puedes pasar mejor que un marrano en un charco.

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El buen hijo

El Toyota GT86 de Kobe Motor no cambia demasiado con respecto al de serie, tal y como obliga la reglamentación de la categoría N3. Tiene una preparación muy básica, similar a la que Kobe ha realizado sobre el Aygo de la Copa. Estéticamente, destacan las llantasde 15 pulgadas —medida estándar para los rallyes de tierra— en vez de 17 que lleva el de calle, así como un gran alerón trasero para ayudar a tener cierto apoyo aerodinámico en las zonas rápidas.

El motor es el 2.0 bóxer atmosférico de serie y origen Subaru, levemente retocado en el escape y electrónica para llegar hasta unos 220 CV. Para sacarle mejor partido, los desarrollos del cambio manual de seis marchas —igual que el de serie— son un poco más cortos gracias a la modificación del grupo final. De esa manera, la velocidad punta se queda en unos 180 km/h, más que de sobra para vivir sensaciones intensas en los tramos de tierra. La motricidad queda asegurada no solo por los neumáticos de tierra sino también por el diferencial autoblocante de discos tarado al 70%.

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En el chasis tampoco se realizan muchas modificaciones pero las que hay están bien pensadas. Por una parte, la suspensión ha sido la parte en la que más trabajo de ajuste y desarrollo se ha llevado a cabo. Kobe ha recurrido al especialista Tecnoshock, modificando también el recorrido ya que las de serie provocaban muchos rebotes y pérdida de motricidad en los tramos. Las copelas en el eje trasero se han subido unos 5 centímetros para evitarlo. Los frenos conservan las pinzas de serie pero los discos y las pastillas son de competición de la firma EBC. A ello se añade un freno de mano hidráulico y los obligatorios sistemas de seguridad.

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¡A jugar!

Dicen que la diferencia entre un hombre y un niño consiste en la diferencia de precio de sus juguetes. El GT86 N3 de Kobe Motor es un juguete para hombres. Acceder al bacquet es algo complicado por el entramado de tubos del arco de seguridad pero, sacando el volante extraíble, la tarea resulta algo más sencilla. Tras abrocharme y ajustarme el arnés, compruebo que la postura de conducción es casi igual que la del coche de serie, ya que vas sentado muy bajo y con las piernas muy estiradas.

Una vez en marcha, lo primero que percibes es que el motor tiene que estar por encima de las 4.500 rpm para que se noten esos 220 CV que hay bajo el pie derecho. Manejar el cambio con decisión —algo duro pero preciso— es condición indispensable para mantener un buen nivel de empuje pero entonces te das cuenta de que avanzar en línea recta requiere también mucha atención sobre el volante. Al tener la suspensión trasera subida, se evitan los rebotes y se gana motricidad sobre tierra, pero el GT86 hay que pilotarlo. Además, el coche anda y sobre tierra las sensaciones aumentan de manera exponencial.

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Por eso hace falta saber cómo jugar a balancear el Toyota a la entrada de las curvas para aprovechar las virtudes de este GT86 N3. A su favor tenemos una dirección rápida y precisa que te permite meter el morro por donde quieres, pero luego tienes que reaccionar con un contravolante rápido para asegurarte de que sigues avanzado —de costado, pero avanzando— sin perder más tiempo del necesario. El tren trasero, como podrás imaginar, es muy ágil y a poco que juegues con las inercias puedes pasar de una a otra curva haciendo unas derrapadas gloriosas. Encontrar la dosis justa de gas y volante es un placer indescriptible pero todavía es mejor cuando llegas a una horquilla cerrada y tienes que tirar del freno de mano hidráulico. Divertido es poco. Exigente también. Un error por exceso o defecto de cualquier cosa (velocidad, volante, régimen del motor, tirón del freno de mano…) y el trompo puede ser monumental.

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La suspensión, además, se traga bastante bien los baches —en tierra te podrás figurar que no hay otra cosa— mientras que los frenos aguantan el trabajo intenso sin rechistar. En resumen, el GT86 N3 de Kobe Motor es un juguete ideal para aquellos que ya tienen un cierto nivel —el que gana la Copa Kobe con los Aygo te aseguro que lo debe tener— y, como decía al comienzo, es una medalla bien merecida. No sé si del amor, pero yo quiero uno.

Si además de leernos quieres escucharnos aquí te dejamos el programa de radio Vuelta Rápida GT donde Carlos Enríquez nos cuenta cómo se lo pasa un cochino en un charco. A partir del minuto 22.

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