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Es una pura cuestión de estilo, de saber estar, de distinción, de desenvoltura, de gracia y donaire. La sencillez del saber estar, el encanto, el atractivo, la finura, la exquisitez y el refinamiento. Cuanto más miro y admiro el clasicismo de las líneas del Honda Civic Type R, más convencido estoy de que es discreto… a la par que elegante.

Por Carlos Enríquez de Salamanca. @Runisvaiden1 Fotos: Fernando González @FUR_R

¿Qué pasa? ¿Que no?A ver, ¿quién ha escrito algo objetivo —repito, objetivo— sobre criterios estéticos? ¿Tal vez algún pasmao con pantalones pitillo y zapatos de “chúpame-la-punta”? Pues a un servidor el Honda Civic Type R le parece el summum de la discreción y la elegancia. Y que me lo discutan esos responsables de diseño que me aburren en cada rueda de prensa con frases como “la tensión de las líneas de cintura reflejan el indudable dinamismo del nuevo modelo”. Son esos momentos en los que —sin apartar la vista del fulano en cuestión por aquello de las buenas maneras— me suelo evadir para elucubrar sobre la masturbación de la ballena en plenilunio invernal. Me suelo despertar cuando dicen aquello de “la forma sigue a la función” —la originalidad me sobresalta— pero ya te digo yo que en una de estas me pillan roncando.

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Vestido de gala

Para demostrarte que el Civic Type R es un modelo y ejemplo de mesura y moderación, te diré que no lleva pegatinas, ni jaula de seguridad en el interior, ni cinturones de arnés. Y eso que es prácticamente un coche del Mundial de Turismos con matrícula.

Para empezar, Honda ha abandonado el motor atmosférico, pero no a los sistemas VTEC y VTC. El Type R tiene ahora un motor 2.0 turbo con inyección directa, intercooler y distribución variable en fase y alzada. Ya no hay que superar las 6.000 vueltas para que empiece la diversión, porque el nuevo motor ofrece su par máximo entre 2.500 y 4.500, mientras que los 310 CV llegan a las 6.500. Lo mejor es que notas el empuje de forma muy contundente pero progresiva, con un estirón cuando te acercas a la zona roja, fruto de esa distribución variable. Un tipo de respuesta que cuadra a la perfección con otras (elegantes) cualidades del coche.

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Y es que este Type R solo tiene las ruedas delanteras para pasar al suelo 400 Nm y 310 CV. Sin embargo, el Type R lo hace y lo hace bien. En parte por esa progresividad, pero también por la suspensión delantera McPherson con pivote desacoplado y por un diferencial Torsen muy bien tarado. Como la moderación y progresividad es un grado, el aumento de par y potencia permite poner unos desarrollos más largos, y como el empuje está disponible en un rango más amplio, se puede usar más y mejor. No hay un tracción delantera con mucha potencia que traccione como este Civic Type R. Incluso cuando se viste de gala al pulsar el botón +R, que, entre otras cosas, hace que la respuesta del motor sea más instantánea.

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Ese botón, además, pone un fondo rojo a la instrumentación, modifica el tacto de la dirección reduciendo el grado de asistencia y hace que los amortiguadores —de dureza variable— se pongan todavía un 30 por ciento más duros. Para estar guapo hay que sufrir y un buen tramo de curvas o un circuito requiere el atuendo adecuado.

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Puesta de largo

Si hay demasiados baches —además de los empastes—, se pierde en buena medida otra de las grandes cualidades de este Honda: una conexión al asfalto superlativa. Uno no se pone a bailar un fox-trot o claqué en una plaza empedrada, sino en un salón de alto copete. Cualquiera de sus rivales son más cómodos, pero ninguno de ellos te mantiene al tanto de lo que sucede en las ruedas como este Civic. En eso y en la precisión de la manejo recuerda bastante a las generaciones anteriores del Type R, aunque éste no tiene un tacto “casi de monoplaza” como aquéllos. Además, los frenos Brembo —delanteros de 350 mm de diámetro, traseros de 296— tienen muy buen tacto y resisten un trato intenso sin problemas. Serían perfectos acortando un pelín las distancias de frenado, mientras que el tren trasero no se descoloca más de lo necesario.

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La guinda, los gemelos de oro, la corbata de seda, los zapatos de charol están en el manejo, tacto y precisión del cambio. Esa palanca con el pomo redondo y fabricada con una aleación de aluminio mecanizada como en los anteriores Type R es una delicia. Los recorridos son cortos y precisos; el tacto, metálico. Si echas de menos un cambio automático de doble embrague, con el Type R tendrás más trabajo que hacer pero pocas cosas hay más gratificantes que mover esa palanca e hincharte a hacer punta-tacón en cada reducción o ver cómo las lucecitas naranjas y rojas convergen para avisarte de que debes meter otro hierro.

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Además de ese juego de luces, también hay un visor que te indica la marcha insertada y, cómo no, la instrumentación puede configurarse para que tengas todo tipo de información: medidor de fuerzas G, presión de los frenos y posición del pedal del acelerador, presión de turbo, temperatura del agua, presión y temperatura del aceite, tiempo por vuelta —si estás en un circuito— y tiempo de aceleración de 0 a 100 km/h o de 0 a 100 m.

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Los asientos —cuya banqueta va 30 mm más baja que en otros Civic— son de tipo bacquet, pero la banqueta tiene unos laterales muy altos, por lo que resulta incómodo entrar o salir. Pero una vez que te encajas te sujetan de maravilla. Los detalles decorativos son también una acertada muestra de buen gusto, mezclando rojo, negro y aluminio. Y qué decir de ese enorme alerón trasero que aumenta el apoyo aerodinámico pero no la resistencia al avance, de las branquias laterales para refrigerar el motor, los pedales de aluminio o esa placa identificativa del modelo por delante de la palanca de cambios.

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Recapitulando

Bueno, vale, me he pasado un poco. El Honda Civic Type R es un poco llamativo. Tal vez algo deportivo… o bastante deportivo. Vamos, que sí, que es muy radical. Y que todo el mundo te mira. Pero mola. Y suena a gordo y corre que se las pela. Tan radical como eficaz sobre buen asfalto y con un cambio excepcional, pero muy incómodo.Pero si a mí me da la gana de decir que su aspecto es discreto y elegante, ¿quién me lo va a discutir?

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