Si Fernando se ha ido de cena con el Ford Ecoboost de 125 CV  , yo no voy a ser menos. Mi menú va a ser muy parecido, aunque en mi caso he elegido un Peugeot 308 1.2 PureTech de 130 CV. La idea es la misma, el resultado similar, pero en los matices está saber qué restaurante es el mejor.

Si además de leernos quieres oírnos, aquí está el link al programa de radio Vuelta Rápida GT en el que encontrarás la prueba de este coche.

Por Carlos Enríquez de Salamanca

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A lo mejor me dice Fernando que soy un “copiota”, pero no es culpa mía. Las marcas siguen tendencias, modas, y lo que ahora se lleva, desde hace tiempo, es el downsizing. En cristiano, hacer motores pequeños en cilindrada y consumo pero con las prestaciones de uno mucho más grande. Y uno de los últimos gritos son los motores de gasolina de tres cilindros y alrededor de un litro. Me sumo a la fiesta sabiendo que no soy original si digo que, como el Focus, el 308 también es un gran coche. Otra obviedad, como salir a cenar en pareja sabiendo que vas a pasar una buena velada.

EL VINO.
Si en Ford han hecho un motor de un litro, en Peugeot han preferido algo un poco más grande: 1.2. No es un magnum porque se trata de preservar la filosofía “downsizing” pero, como sucede con el vino, que el envase sea mayor no implica cambio alguno en la calidad del caldo. En la etiqueta, en lugar de Ecoboost pone PureTech, porque cada bodega tiene su denominación de origen, pero sigue siendo un tres cilindros con inyección directa, turbo e intercooler, aunque toda la “botella” (culata, bloque y cárter) es de aluminio. Y son 130 CV. 
El motor de Peugeot sí tiene un eje contrarrotante de equilibrado y, si tenemos que comparar la suavidad de funcionamiento del Ecoboost y del PureTech, me quedo con la receta de Peugeot. La de Ford en este sentido es muy buena, pero la de la marca francesa es soberbia. También tiene sistema stop&start y tal es el agrado de funcionamiento que a veces me resulta complicado saber si el motor está en marcha o apagado. De hecho, casi no percibo cuando para y cuando arranca. Cuando sí se percibe el sonido es cuando aparece en escena el botón sport y que, al pulsarlo, sale una pantallita de par, soplado del turbo y cambia ligeramente el sonido del motor perciobido desde dentro del habitáculo.

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Rioja, Ribera del Duero, Cariñena, Valdepeñas… Cada caldo tiene su personalidad. En este PureTech hay más par que en el Ecoboost (230 Nm frente a 200) pero en un rango levemente más estrecho (entre 1.750 y 3.000 rpm frente a 1.400 y 4.500). También hay un variador de fase que actúa tanto en admisión como en escape (el motor Ecoboost tiene distribución variable en admisión y escape), de manera que obtenemos siempre una respuesta agradable y “llena”, que es de lo que se trata.Siguiendo el razonamiento que hace Fernando sobre los motores diésel o gasolina, con este vino tampoco vas a echar de menos la cerveza.
EL PRIMER PLATO
Como cada restaurante interpreta la cocina a su manera, en Peugeot de primero también tenemos un equipamiento muy completo y con una presentación impecable pero con alguna diferencia. El asistente de aparcamiento es opcional (350 €) y no puedes montar el de cambio de luz cruce/carretera, manejo de controles por voz o el reconocimiento de señales de tráfico, pero a cambio en el 308 puedes llevar unos asientos con masaje (600 €), con memoria para las regulaciones eléctricas y hasta un techo panorámico de cristal (600 €).

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La mayor ventaja del 308 en este momento de la comida es que el navegador es de serie, que los faros delanteros son de leds y que el freno de estacionamiento es eléctrico. La presentación, eso sí, es bastante más sencilla aunque a mi modo de ver con una mayor sensación de calidad y ajuste en el modelo francés. Como se diría ahora, más “premium”.
EL SEGUNDO PLATO.
Seguimos la cena con una apuesta sencilla, segura y ligera gracias a un bastidor que parte de la plataforma modular EMP2. Una plataforma que ya se usa en otros modelos del Grupo PSA (Peugeot y Citroën) y cuya principal ventaja, además de las estructurales, es precisamente la reducción de peso y, por tanto, de consumo en comparación con el 308 1.6 VTi de 120 CV de 2010. La dieta arroja casi 200 kilos de menos de peso (de 1.362 a 1.165) y casi 2 l/100 km menos de consumo (de 6,6 a 4,8). Con respecto al FocusEcoboost, las prestaciones son algo mejores en el modelo francés, un poco más de velocidad punta, aceleración más rápida y un consumo casi idéntico (4,7 el Ford).
En el eje delantero hay una suspensión McPherson como en el Ford, pero en el trasero hay un sencillo esquema de rueda tirada por eje torsional en lugar del sofisticado multibrazo del Focus. Y, como sucede en la cocina, más que los ingredientes lo que importa es el sabor. Con una buena puesta a punto, el bastidor del 308 nada tiene que envidiar al Focus. Igual o mejor en lo que se refiere a calidad de rodadura, nobleza de reacciones y aplomo en carretera. En zonas más viradas, si el ritmo que le imprimes es más vivo, puede que me quede con el Ford, pero por poco.

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Y DE POSTRE…
Algo agridulce también, pero esto va en el gusto de cada cual. Personalmente me gusta el acabado, la calidad percibida y el ajuste. También soy partidario de lo que Peugeot llama i-cockpit, esa postura de conducción con un volante pequeño y situado más bajo de lo normal para llevar los brazos relajados y ver la instrumentación por encima, como si fuera un head-up-display.
Lo que no me convence es que la aguja del cuentavueltas vaya al revés y, sobre todo, la ausencia casi absoluta de botones en beneficio de una pantalla táctil o tablet que agrupa casi todos los mandos. Por un lado es un acierto colocar la instrumentación casi a la altura de los ojos para no apartar la vista de la carretera mientras conduces. Por otro, para mí es un error obligarte a desviar la atención cada vez que quieres hurgar la pantalla táctil.
Ergonómicamente es un paso atrás. Y pongo un ejemplo: en un coche de los años 80, con un radiocassette sencillo de 6 presintonías, podías poner la calefacción y cambiar de emisora con un par de movimientos de la mano derecha, sin dejar de prestar atención al tráfico, buscando al tacto los botones necesarios. Para hacer lo mismo con la tablet de Peugeot (muy bonita, por cierto), te distraes o te distraes unas cuatro o cinco veces como poco; y te sucederá lo mismo hoy, mañana y pasado porque siempre tienes que mirar a la pantalla para ver si estás en el menú correcto. Es el perfecto ejemplo de la diferencia que hay entre diseñar y dibujar. Por muy bonito que dibujes, no serás necesariamente un buen diseñador.

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La solución pasa por pedir un menú del día mucho más sencillo, sin tablet, con acabado Access pero motor 1.2 PureTech de 110 CV. La “dolorosa” sería mucho menor pero el paladar no se quedaría tan satisfecho. Así que pido la cuenta y el Peugeot 308 1.2 PureTech 130 CV Allure 5 puertas me sale por 21.650 €. Con alguna oferta gastronómica se queda por debajo de 20.000. Como las virtudes son más que los defectos, y los defectos tal vez te parezcan subjetivos, también es una cena perfecta.

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